#Evangelio - Cuando nos dejamos transformar por la gracia (9 de febrero)

07 de Febrero 2020
 Comunicaciones Parroquia Cristo Rey
#Evangelio - Cuando nos dejamos transformar por la gracia (9 de febrero)
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El texto del evangelio de la misa de este domingo (Mateo 5, 13-16) hay que entenderlo como prolongación necesaria del mensaje de las bienaventuranzas. Antes de escucharlo, la liturgia de hoy prepara a la asamblea con la exhortación de Isaías que proclama la primera lectura.

El oráculo del profeta se atreve a decir que practicar la justicia diviniza al ser humano, «brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía». Hermosa forma de describir la salvación: Dios hace libre al hombre y de esta forma lo habilita con la gracia para que salga de sí mismo, obre la justicia revelándose así en él la gloria de Dios.

Desde esta confianza en la obra que Dios viene realizando en los discípulos, llegamos a los versículos del evangelio de este domingo. El texto repite varias veces el pronombre ‘ustedes’; aquí con este pronombre Jesús se refiere a quienes han atendido su invitación de acoger el reino de los cielos que él hace presente. En el evangelio de hoy el Maestro quiere fortalecer la esperanza de los discípulos, que se ven perseguidos y calumniados por seguir el camino del Evangelio.

Jesús emplea dos imágenes para este propósito: la sal y la luz. La imagen de la sal puede tener varias interpretaciones a partir de sus múltiples usos, por el contexto del evangelio de hoy la imagen evocada es la de ser un condimento indispensable e insustituible. Desde este sentido, Jesús plantea algo insólito: que la sal deje de ser sal, es decir, que pierda su sabor.

Esta insólita ‘desnaturalización’ de la sal nos lleva a pensar en la fidelidad de Dios, es el amor de Dios quien capacita al discípulo para obrar la justicia, es el amor de Dios la salinidad que lleva a los discípulos a ser sal. Desde esta perspectiva resulta también insólito que Dios deje de asistir con su gracia a quien sigue el camino del Evangelio.

Sin embargo, hay la posibilidad de perder la participación de la gracia; esta situación se presenta con términos que nos traen la imagen del juicio: ser arrojados (ver Mateo 8, 11s.) y ser pisados (ver Isaías 63, 3). Aquí reconocemos un llamado a no dejar de participar de la gracia.

La imagen de la luz ya la había aplicado el evangelista a la misión evangelizadora de Jesús en el texto que leímos hace tres domingos cuando explicaba que la actividad del Maestro venía a dar cumplimiento a lo anunciado por el profeta: «El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló» (Mateo 4, 16).

En el evangelio de hoy la imagen nos invita a ser conscientes de nuestra vocación: ser luz del mundo. Desde la primera lectura se puede comprender que el discípulo es luz para el mundo cuando, por la comunión en el amor con Dios, sus obras contrastan con el ambiente. La comunión con el amor de Dios, que es la fuente de la vida cristiana, no puede ocultarse, esta presencia de Dios en el seguidor de Jesús convierte al discípulo en sacramento de la presencia de Dios para el mundo, como lo fue Jesús.

Fuente: Padre Tadeo Albarracín Montañez. Vicario Parroquial.

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